TE QUIERO ¡¡¡

El amor tiene muchas maneras de entenderse, desde sentir esa emoción como un torbellino de sustancias químicas que segrega el cuerpo de manera natural, a el amor que sientes por tu amigo, mascota, tu familia, tus hijos. Nos da mucho reparo en utilizar palabras como “te quiero, te amo o otras de manera afectuosa”. Creemos que son solo útiles para expresar un sentimiento muy profundo, casi oculto y que si la decimos se puede mal interpretar. Decirle a un amigo “te quiero amigo” no es muy común y menos si es dicho entre hombres. Se nos ha inculcado eso de ser “viriles”. La sociedad nos arrincona de manera inconsciente a un callejón donde el amor solo se practica por las redes en forma de fotos subidas de tono o sexo y placer de manera anónima y fortuita.


¿Pero qué hay de ese amor?, ¿Por qué no podemos ser mas cariñosos con nuestros familiares y amigos más cercanos?


Porque no nos han enseñado a decir “te quiero”, y no necesariamente debe ser verbal, puede ser con un gesto, un abrazo, una charla y café…


La historia de hoy va del amor hacia los demás, de querer al prójimo como a uno mismo (frase cristiana), del amor que se siente por un hijo, el hijo por el que se daría la vida sin dudarlo (frase budista contemplada en el karaniyametta sutta), del amor no sensual, esa clase de amor que solo persigue amar a los demás seres como a ti mismo.


Yassin era un hombre oscuro, no porque su maldad fuera algo intrínseco en él, si no por las duras condiciones en las que había trascurrido su niñez y por consiguiente, su vida. Yassin vagaba por las calles de Sarnath cerca de Benarés. Allí pedía, mentía y como no, robaba solo por la necesidad imperiosa de vivir un día más en este mundo gris que le había tocado. Ya era mayor y conocido en el pueblo como “Yassin el ladrón”.


Un día como otro cualquiera se adentró en el bosque de los ciervos, en busca de algo que le pudiera dar razones para arriesgarse una vez más a delinquir. Algún botín preciado que le diera para vivir unos días, tal vez semanas. Yassin pensó… - Tal vez en este bosque haya algún señor rico con una buena mansión al cual pueda robar sus joyas y así vivir una vida fácil. - Pero pasaban las horas y Yassin veía que no encontraba nada. Ya oscureciendo y totalmente decepcionado y cansado encontró un sendero, su imaginación se desbordó otra vez pensando que ese sendero le podría llevar a una casa de familia acomodada. Cuál fue su desilusión cuando al final del sendero encontró una cabaña, pequeña y muy austera en lugar de una casa de familia acomodada.


Esa cabaña, era la cabaña de un monje que había decidido retirarse al bosque durante años para practicar en soledad los entresijos de las enseñanzas del Buda. Yassin se acercó a la cabaña en total sigilo, y cuando vio que no estaba ocupada entró con todas las facilidades del mundo ya que la puerta no estaba bloqueada. Una vez más su desilusión fue total cuando en el interior de esa cabaña no había más que un lecho de paja, una mesa de madera, una vela para alumbrarse en las noches y un cuenco de barro con algo que parecía pan en su interior.


Yassin estaba totalmente frustrado y al mismo tiempo estaba enojado por haber perdido tanto tiempo y tanta energía en llegar a un lugar donde no había nada. En ese preciso momento el monje abrió la puerta. Los dos cruzaron su mirada, Yassin se asombró y el monje estaba rebosante de alegría, pues para él ver una cara humana después de tanto tiempo era una bendición. En cambio, a Yassin se le notaba totalmente a la defensiva esperando que el monje le reprendiera por haber entrado en su cabaña.

- ¿Qué te trae hasta aquí querido amigo? - preguntó el monje

- ¿No es evidente? he venido a robarte, pero en esta estúpida cabaña no hay nada de valor - dijo Yassin casi gritando.

- Oh, siento que hayas venido de tan lejos y que hayas hecho el viaje en balde. Me siento mal por ello querido amigo - dijo el monje de manera sincera

eso desconcertó a Yassin, que esperaba una reacción más agresiva por parte del dueño de la cabaña.

- No te haré daño. Ya que no tienes nada, me iré por donde he venido - dijo Yassin algo más calmado ya.

- Por favor, no te vayas con las manos vacías. Toma mi túnica que tiene algún valor en el mercado de ropas, podrás venderlo por algunas monedas – dijo el monje.

Y quitándose la ropa y quedándose totalmente desnudo se la entregó a Yassin y este salió despavorido de la cabaña con la ropa del monje, corriendo por el sendero dirección al pueblo. El monje lo observaba calmado mientras se tapaba con la manta de la cama mirando como Yassin se alejaba.


El monje se sentó en la ya oscuridad de la noche y mirando la luna pensó…

Que pena que semejante luna no se mía para dársela a este hombre.


Esta es una forma de amor hacia los demás con la mentalidad de alguien que solo ve, las situaciones de la vida tal cual son, sin aversión ni apego. El amor, puede manifestarse incluso en aquellos que nos han dañado en algún momento de nuestras vidas. Pero no hay que ser como el monje para demostrar nuestro amor a los demás, solo hazte esta pregunta ¿hoy le has dicho a un ser querido, amigo o mascota que la quieres? Si no es así no pierdas el tiempo. Mañana tal vez sea tarde y recuerda si eres amigo mío o conocido, siempre tendré tiempo para una charla, un café y un abrazo.


Allí donde estés…TE QUIERO.

Que haya mucha paz en tu camino.



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