La leyenda del Buscador

Esta historia trascurre en un lugar del mundo conocido como la India. No era la India que conocemos en nuestros días, si no un lugar totalmente diferente.

Hace ya mucho tiempo, mucho, mucho tiempo que esta historia no es contada, y fue narrada por trovadores, cuenta cuentos y pregoneros desde ese remoto lugar hasta nuestros tiempos, pasando la historia de boca en boca, como si dicha historia fuera cierta y pasara a ser leyenda con el trascurso del tiempo… quien sabe, tal vez nunca paso, o tal vez pasara y la leyenda fuera cierta, fuese como fuese, lo que sucedió fue esto.

Anitsicr, fue un hombre que de profesión era Buscador. Ser un buscador no es necesariamente aquel que encuentra algo, sino que es aquél que pasa sus días en busca de algo especial. Anitsicr “el Buscador·” había pasado la mayor parte de su vida buscando. Una vez él buscaba fortuna; otra vez buscaba sabiduría, pero su vida la pasaba buscando. Dedicaba cada día de su tiempo libre a buscar aquello que más le inquietaba.

Una vez, le llegó a sus oídos la historia de un lugar en un rincón de la vieja India, una ciudad en el cual había un misterio. Esa ciudad era la ciudad de Shavatthy. Estaba en un remoto lugar al norte de la India. Cuenta la leyenda que Shavatty se encontraba al final de un ancho mar, cruzando un frondoso bosque y al final de un tortuoso desierto. Eso no detuvo ni mermo la capacidad de querer saber más sobre ese misterio. Así que el buscador comenzó su viaje de exploración después de reunir sus víveres y preparar minuciosamente el viaje como había hecho en numerosas ocasiones. Después de varias semanas navegando por un mar de cuyo nombre no se conocen datos, llegó a la costa, al lado de un frondoso bosque, y fue preguntando a los lugareños con los que se cruzaba si ese era el bosque que llevaba al desierto. Una vez confirmado que era el mismo, se adentró en el bosque sin ningún tipo de miedo, sin ningún tipo de compañía salvo su férrea voluntad de llegar a la ciudad de Shavatty.

No se sabe bien cuántos días estuvo buscando el camino que conducía a ese desierto, pero tras encontrarse con la cabaña de un leñador, éste indicó al buscador la dirección correcta para hallar el último tramo de su viaje. El buscador caminaba en la dirección que le habían indicado, y poco a poco se fue dando cuenta de que el ambiente que le rodeaba iba cambiando. Cada vez había menos vegetación y el calor se hacía más palpable. Eso era indicativo de que iba por buen camino. Pronto se dio cuenta de que la vegetación era ya muy escasa y comenzaba a dejar de pisar tierra para comenzar a pisar arena. Ahora sí que estaba en el último tramo de este viaje, el desierto. Este era un lugar que jamás el buscador había visto, totalmente carente de vida solo arena y dunas y nada en ninguna dirección hasta donde alcanzaba la vista. Eso no desanimó a nuestro amigo el buscador que encontraba belleza en todo lo que le rodeaba. Solo pensaba en llegar a esa ciudad de Shavatty para preguntar a los lugareños cuál era ese misterio que rodeaba a su ciudad. Después de pasar días caminando en dirección norte (no se sabe bien cuánto tiempo estuvo andando por ese desierto, pero la leyenda cuenta que fueron semana ), al finalizar el tercer día de la tercera semana, el buscador observó que en el horizonte se dibujaba una sombra.

- Tal vez esté llegando al lugar que busco-pensó el buscador.

Efectivamente, a lo lejos lo que al principio parecía una sombra comenzaba a vislumbrarse como una gran ciudad. La alegría envolvió el cuerpo del buscador, sabía que estaba cerca, a menos de un día de viaje y, pronto iba a saber esa famosa leyenda. A medida que iba andando, se dio cuenta que al este había una especie de arboleda, parecía un vergel, un oasis. Tenía mucha curiosidad por saber qué era ese lugar, pero no quería distraerse de su cometido real que no era otro que entrar en la ciudad de Savatty y preguntar cuál era el misterio de esa ciudad.

A medida que se acercaba, la curiosidad se hacía más fuerte por saber qué lugar era ese tan verde y frondoso en mitad del desierto, así que pensó:

- Podría desviarme por un breve instante y recomponerme antes de entrar en la ciudad.

Y así lo hizo el buscador. Se acercó a ese frondoso lugar rodeado por dos columnas que estaban repletas de enredaderas y observó que el suelo estaba empedrado y a medida que iba paseando por ese lugar empedrado observó la frescura del sitio, su belleza, y una verdadera tranquilidad que reinaba en todo lo que le rodeaba.

El buscador se sentó junto a una piedra y tomando un trago de agua observó como todo era verde lleno de flores y perfectamente arreglado y decorado. Se fijó en una piedra que sobresalía y en ella había una inscripción que se podía leer claramente:

- Sharét 8 años, seis meses, 20 días…

El buscador quedó perplejo al ver la inscripción de aquella piedra. Una tristeza le embargó todo el cuerpo cuando se percató de que la piedra no era realmente una piedra, sino una lápida. Se sintió muy triste al pensar “que niño tan joven estaba enterrado en ese lugar”, pero su tristeza se convirtió en temor cuando observó que había cientos de piedras como esa:

- Jamil 10 años, 5 meses, 12 días

- Ariel 6 años, 11 meses, 21 días.

Y así fue observando piedra a piedra, lápida a lapida y a medida que leía más le embargaba el desconcierto, la tristeza, y la angustia. Se dio cuenta de que la persona que estaba ahí enterrada más vieja no llegaba a los 17 años. ¿Qué misterio tendría esa ciudad?, ¿Qué terrible maldición tendrías Shavatty para que sus jóvenes fueran enterrados todos allí? - se preguntaba el buscador. Totalmente compungido y abatido, el buscador pensaba en lo triste que debería ser para esos ciudadanos. En ese momento pasó el cuidador del cementerio, un anciano de pelo largo y una barba canosa quién le preguntó amablemente al buscador:

- ¿Qué le trae por aquí buen hombre?

- Le saludo señor. Me llaman el buscador y pensaba ir a la ciudad de Savatthy y al ver este lugar tan bonito quise visitarlo, pero mi asombro es el haber descubierto un cementerio de almas tan jóvenes. ¿Qué terrible desgracia ocurre en esa ciudad para que este cementerio esté lleno de sus infantes?

Con una sonrisa en la boca el anciano le contestó:

- Puedes quedar tranquilo viajero. No existe tal maldición. Te contaré yo mismo el misterio de estas piedras. A los habitantes de la ciudad de Sabbathy cuando cumplen la edad de 15 años, se les entrega un cuaderno. En ese cuaderno, todos los habitantes desde esa temprana edad, apuntamos los momentos que hayamos vivido de manera extraordinaria. Anotamos todos los momentos agradables o que nos sugieren un momento especial en nuestras vidas. Nuestro primer romance, nuestro primer beso, cuando nos casamos, cuando tenemos nuestro primer hijo, los sucesivos hijos si los tuviéramos y así vamos anotando todos los acontecimientos de nuestra vida y al margen ponemos el tiempo qué duro esa emoción de amor, gratitud, o alegría. Cuando la persona fallece, cuando termina su ciclo en esta existencia, lo traemos aquí y contamos los días los meses y los años que ha experimentado momentos agradables en su vida. Aquí los anotamos en las lápidas como recuerdo de que lo verdaderamente importante en nuestras vidas han sido esos momentos agradables y llenos de amor. Por eso ves esas inscripciones y esas fechas tan confusas, porque aquí en Shavaty solo nos importa cada momento vivido con amor y alegría. Lo demás, no merece ni siquiera un recuerdo.

El buscador quedó gratamente sorprendido y entendió el significado de lo que quería proponer en esa ciudad. Ya no necesitó más saber ni otra cosa de esa ciudad. El misterio de Shavatty había sido resuelto y el buscador dejó de buscar y vivió en Shavatty.

Cuenta la leyenda que si buscas ese cementerio verde y frondoso hallarás una piedra de color blanca con una inscripción que dice:


- El buscador, 9 años, 7 meses, 18 días.



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