El Maestro de Reiki

En algún lugar que desconozco, en un tiempo no muy lejano, existía un maestro cuyo legado sería el haber enseñado la técnica de sanación japonesa “Reiki” a todo aquel que se acercaba y se lo pedía con total sinceridad, dado que ese camino era un camino largo, de años y a veces de una vida, era algo que no todos buscaban por ser un trabajo que conlleva responsabilidad, integridad y esfuerzo. Estas técnicas de sanación y de camino de conocimiento personal creada por el Sensei Mikao Usui, fue enseñada de maestro a alumno hasta llegar a nuestro protagonista.


El maestro era conocido no solo por su buen hacer, si no por su sabiduría. Pero también era conocido por su hijo, un joven arrogante y lleno de ira que tenia disputas tanto con su familia como con sus vecinos. La familia y sus vecinos le pedían muchas veces que educara o instruyera a su hijo en el camino del Reiki. Pero este una y otra vez decía que no estaba preparado aun, que el debía dar el paso y tener la responsabilidad, integridad y esfuerzo que exigía a todos sus alumnos. Y así pasaban los días, y los meses, hasta que el muchacho cansado de estar enemistado con todos y saber muy bien como liberarse de ese estado de ira continuo, acudió a su padre.


- Padre, quisiera que me iniciaras en las técnicas de Reiki –

- ¿Seguro que quieres que te inicie en ese camino? – le contesto muy sereno el padre.

- Si, estoy dispuesto a seguir tus consejos y enseñanzas –

- Muy bien, pero primero quiero que hagas algo –

- Dime, ¿qué hago primero? –

- Lo primero antes de comenzar a explicarte que es el reiki debes hacer un trabajo personal, cada vez que te enojes contigo o con alguien, quiero que claves un clavo tras tu puerta. –

- Así lo hare – contesto su hijo extrañado y molesto por que su padre aun no quería instruirle en las técnicas de las que él era un maestro.


Y así el muchacho en su primer día había clavado seis clavos tras su puerta, el segundo había clavado siete, y así pasaban los días, cada vez que se enfadaba, antes de iniciar una discusión o una pelea se iba su cuarto y clavaba un clavo detrás de su puerta. Un día, después de algunos meses se dio cuenta que llevaba algunos días sin clavar ningún clavo, se sentía muy pacifico y tranquilo, así que miro detrás de su puerta y entendió que cada clavo había sido un conflicto, una disputa una pelea. Habían mas de cien clavos detrás de esa puerta y fue a hablar con su padre.


- Padre, llevo días sin clavar ningún clavo, estoy realmente convencido que he aplacado mi ira. – le afirmo su hijo muy alegre.

- Está bien querido hijo, estoy realmente orgulloso de ti, has entendido que la ira no conduce a nada, y que solo crea más sufrimiento. –

- Así es padre –

- Pero aun quiero que hagas otra cosa, pera estar realmente seguro cada vez de que te sientas realmente en paz, quita un clavo de tu puerta. –


Su hijo totalmente confundido, bajo la cabeza y obedeció a su padre, fue a su cuarto y miro la puerta totalmente llena de clavos, y medito sobre ello. Solo quitaría un clavo cuando realmente estuviera seguro de estar en paz y sin nada de ira.

Y pasaron los días, las semanas y los meses. Y algunos días quitaba algún clavo, y poco a poco fue quitando sus clavos de la puerta y estando en paz consigo mismo y con todo lo que le rodeaba. Y así llego el día de quitar ese ultimo clavo, y llamo a su padre para que fuera testigo de tal hecho.


- En tu presencia y en total paz y en comunión con todo lo que me rodea voy a quitar este último clavo padre. Sabiendo que quiero seguir tus pasos en el camino del reiki, y el de servir a la comunidad como haces tú. –

- Muy bien, hijo ahora si estas preparado, saca ese clavo. – y así lo hizo.

Con total tranquilidad el muchacho saco ese último clavo, y su padre le comento…

- Fíjate bien en tu puerta, ¿Cómo la ves?

- Totalmente destrozado padre, llena de agujeros y marcas de mi rabia. –

- Así es, así es como actúa la rabia en nosotros y en los que nos rodean, dejando cicatrices y marcas que jamás se quitan.

- Ahora si he entendido padre, gracias por la lección.


Al día siguiente su hijo fue al Dojo a escuchar las primeras lecciones de su maestro de Reiki y en su interior ya no había mas rabia, cada vez que se enojaba o veía esa emoción florecer en el se acordaba de la parte de atrás de su puerta, que jamás cambio hasta que salió como adulto de la casa de su padre, el por aquel entonces también era maestro de reiki.



“a veces uno se escuda en la ira, para dañar a otros y así mismos, estamos nublados por nuestra propia ignorancia. Creemos que, dañando, de palabra o acción nos aplacara esa rabia, pero vemos que no es así, que sigue alimentándose ese fuego en nuestro interior a medida que esta sin control como caballo desbocado. Solo cuando nos hacemos responsables de nuestras acciones comprendemos que somos realmente los artífices de lo bueno o lo malo que nos pase. Nadie tiene la culpa, solo la ira por si sola es capaz de hacer que una persona arda hasta que ya es demasiado tarde, familias, amigos y países enteros ha sucumbido por ese fuego. ¿Cuántos clavos estas dispuesto a poner en tu puerta?”


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